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Canciones de entrevías, entrevista a Alfonso del Valle

Mayo 20, 2008

Carmen González-Alorda

Durante el día vende billetes de tren en la estación de Santa Justa. Por las noches coge una guitarra y recorre con ella los bares de Sevilla. Lleva años haciéndolo. Considerado como el padrino de la mayoría de los cantautores emergentes de la capital andaluza, a sus más de cuarenta años, Alfonso del Valle se declara un pablista (por Pablo Milanés) y un enemigo de los plastacantautores.

Con las entrevistas ocurre igual que con las canciones, tienes que encontrar el lugar perfecto, la persona perfecta y el momento perfecto para que la recuerdes perfectamente. En mi caso, sin saber cómo ni qué componer, decidí no olvidarme nunca de ninguna de las expresiones de mi canción- personaje.

Cuando le pregunté a Alfonso del Valle cuánto tiempo llevaba dedicado a lo largo de su vida en el mundo de la canción, él me respondió suspirando, con la cabeza altiva y rascándose la cabeza,

Tengo que hacer memoria…empecé hace más de treinta años. Primero como cantautor, y después, versionando canciones de otros músicos. Después fui el alma máter de un grupo de pop- rock a finales de los ochenta, principios de los noventa. Y a partir de 1995 retomé la senda primitiva de dónde nunca más salí. Siempre se aprenden cosas de todos los sitios, siempre. Me puse las pilas en donde estoy, en la canción de autor, y estoy activo hasta hoy. Sin parar.”

Sus influencias son claras, rollo de autor en el tono más clásico:

El tiempo de inventar en la música terminó hace mucho tiempo. Lo que nos queda es mezclar cosas que ya existen y generar nuestro propio estilo. Todos bebemos de los antecesores. Si mezclamos en una coctelera a distintos autores saldrá lo que tú seas. Para conseguir un Alfonso del Valle tendrías que batir a Hilario Camacho, Joaquín Sabina, de la trova cubana a Pablo Milanés, mucho más que Silvio Rodríguez (soy pablista), y a Luis Eduardo Aute“.

Sacó su primer disco en directo, en La Carbonería, rodeado de los suyos, de los de siempre, por eso, cuando quise saber por aquél primer proyecto, se le coló la mirada melancólica, o quizá fuera el resfriado, ” En noviembre de 1997 salió el primer disco completo, un directo. Aunque ya a principios de ese año me editaron dos canciones para un recopilatorio de cantautores, Cantautores de la nueva generación, por parte de la discográfica de Silvio Rodríguez, Fonomusic. Las metieron gracias a mis constantes envíos de maquetas, tuve suerte, y en esa ocasión no me dijeron que no necesitaran a alguien con mis características… El siguiente disco fue el que hice a dúo con Joaquín Calderón, Dos, también en La Carbonería.”

Además de sus canciones, en Sevilla es conocido por dar a conocer a jóvenes compositores. No hay concierto donde no presente a un nuevo cantautor o donde no encontremos a colaboradores tan acérrimos como Joaquín y Chiqui Calderón o Fernando Sáez, del grupo Los Desestructuraos.

Alguien me podría catalogar de mecenas, de solidario. Siempre en lo que pueda, no soy millonario. Pero me gusta dar un empujoncito a la gente que empieza, facilitarles el camino, darles oportunidades para que puedan expresarse. Este mundo es muy difícil. Además, yo disfruto mogollón compartiendo escenario y aunque haya recibido algunas críticas por parte del públic, creo que también se consigue un clima más dinámico y ameno. Mucha gente reprueba estos actos porque no consideran que yo toque lo suficiente, siendo mi conciert. Canto poquito, pero no me importa. Es algo que me llena de satisfacción y que seguiré haciendo en cada concierto”.

Apagó el cigarro en el cenicero y se derramó una cerveza en la mesa, en mis papeles, y casi casi, en la grabadora. Se escucharon risas y el paso de una bayeta. Tras el inciso, observé que la cinta no había dejado de grabar. Me alegré y con una guerra de sonrisas regresamos a las preguntas y a las respuestas.

Desconocía si el Ayuntamiento ofrecía algún tipo de apoyo o si existía algún tipo de asociación. La respuesta fue clara:

“Negativo. De hecho hay puteo mas que apoyo. Ahora mismo, en el Perro Andaluz, los conciertos que se realizan todos los martes son ilegales. La razón es una ley europea que se obliga a cumplir a los establecimientos que se encuentren, sobre todo, en el centro de las ciudades. Es una licencia para los locales con música, en la que no basta con insonorizar todo el bar ya que, si colindas con alguna vivienda, una sola nota musical está prohibida. Denegado. Es una medida que se ha tomado en el centro y esto, sin duda, supone un retroceso y un empeoramiento de nuestras facilidades como músicos. Esto consigue que al final se lleven las actividades culturales a los polígonos industriales, es decir, que se saque la vida cultural del centro, del corazón de la ciudad al extrarradio. No es que esté en contra de que también exista movimiento cultural en la periferia, pero no creo que ayude ni a la ciudad, ni a nosotros y ni tan siquiera al público. Es un tema que nos preocupa a todos, depender de un transporte público o de un amigo para asistir a un concierto no es lo mismo. El centro sin música no es lo mismo. Deberían de potenciar estos actos. A mí me han cortado el concierto tres veces en El Perro, llega la policía, y nos obliga a acabar la actuación. Sino fueran por personas comprometidas y arriesgadas como los dueños de estos bares, no tendríamos lugares a los que ir. Tienen mucha voluntad porque es normal que muchos de ellos no se la juegue. No puedes arriesgarte a que te cierren el bar.”

Aparte de locales como El Perro Andaluz o La Carbonería, Alfonso del Valle ha tocado en la Sala Malandar o en El Laberinto, en la calle Regina.

Antes también íbamos al Café Sevilla, que después se llamó Rayuela, allí, en la calle Miguel de Mañara. También frecuentábamos el Teatro Duque, de Comisiones Obreras o la asociación Antigua Sevilla. Pero estos locales se han ido cerrando y actualmente los lugares donde más cómodos estamos son La Carbonería y El Perro Andaluz. La música te mueve mucho. Además continúo yendo dos veces al mes a Madrid. A Libertad 8, la cuna de la canción de autor, donde canto con Manuel Cuesta, aunque también visito en cuanto puedo Búho Real. Allí han nacido Javier Álvarez, Pedro Guerra, Quique González, Carlos Chaouen, Ismael Serrano, y tantos otros”.

Aquellos veinteañeros que dejaron las tardes de concierto en bares céntricos y arrinconados por giras de escenario y cafeína, también tuvieron su momento de timidez con el público, ese acercamiento a la gente que requiere un paso, a veces hasta cerrando los ojos, con los puños apretados y con el sudor empañándote la espalda. Fuma una calada, se coge de la barbilla y me sonríe. Nunca deja de sonreír, aunque le sorprenda una tos o las ganas de beberse la cerveza de un sorbo. Yo, en cambio, como una quinceañera me sonrojo y sigo sin comprender como después de tantos años una sonrisa puede seguir siendo de niño.

Le pregunto el por qué de la falta de un Madrid en los tiempos de Alfonso del Valle, cuando tenía veinte años menos. Él, serio, responde tranquilamente:

Hay que ser muy valiente y darle mucha vueltas a la cabeza. Con veinte años piensas que tienes toda la vida por delante, no tienes ataduras y decides arriesgarte. Mi oportunidad la perdí. En 1995 las compañías discográficas se acercaron a los locales de los que hemos hablado antes. La empresa de la música va por modas y en ese preciso momento habían puesto la atención en aquellos muchachitos de guitarra y vaqueros caídos. Fue entonces cuando salieron Paco Bello, Pedro Guerra o Javier Álvarez. En Madrid se estaba cociendo todo aquello. Lo que estaba claro era que aquellas empresas no iban a buscar en La Carbonería. Quien quería triunfar tenía que irse a la capital. Pero no me fui, estaba trabajando, como mínimo tenía que pedir una excedencia, irme con el sol, las estrellas y la luna, y no es fácil decidir. Cuándo eres más joven no importa dónde dormir, qué comer, tienes un único sueño y eres mucho más decidido. Te da igual dormir en el suelo, la calle o bajo un puente. Es muy difícil decidir.”

Deseaba saber qué movía a un hombre a escribir canciones, a continuar tras treinta años en el mundo cultural y musical de una ciudad, pasando más pena que gloria. Así que mi pregunta la tiré como un dardo, y creo que le hizo ilusión responderla:

¿Por qué escribo? ¿Por qué canto? Porque disfruto, y mucho. Pienso que lo que diferencia a un cantautor de alguien que compone canciones y las canta es su manera de entender la vida. Un modo de ver las cosas desde un prisma diferente. Se trata de una filosofía de vida. Los cantautores tenemos que tener un compromiso social, preocuparnos por nuestro entorno y ponernos de parte del más débil, por las cosas que le suceden a la gente de a pie.”

Sus canciones son vivas, despiertan la alegría y mencionan lo cotidiano de los días. Responden a una poesía de Mario Benedetti o a un juego de cometas:

Reflejo lo que soy, mis canciones son mi filosofía. Hay canciones que van dedicadas a mis cosas, hay canciones que son sobre hechos que suceden, anécdotas. A veces sólo basta una noticia de un periódico para tener una excusa y componer una nueva canción. A veces, tan sólo se necesita estar un poco inspirado, pero de ninguna manera podría esta inventando constantemente mis letras. De todos modos hay algo de mi vida que no plasmo desde hace unos años y es la tristeza, la mala leche. Tengo la máxima de no escribir en esos momentos. La gente ya tiene demasiada mierda”. En aquel instante mi cabeza dio un giro memorístico de unos cuantos años, cuando mi madre solía decirme que con ese tipo de música sólo iba a deprimirme. Que aquellos chiquillos de guitarra y barbita no alegraban con su música, sino que además, la volvían triste, y que eso, en una niña de quince años no sólo era un problema, también un problemón. Alfonso, atento, confirmó las palabras de mi madre: “La mayoría de cantautores no son cantautores, son plastacantautores. Y para eso mejor callarse”.

Tengo una guitarra muda en la esquina de mi habitación, es azul, preciosa, fue un regalo. Pero ahí está, sin decir ni re. Por lo contado y por mi torpeza en el terreno musical quise saber cómo aprende a tocar un cantautor quijotesco:

Cuando tenía quince años le pedí a mi hermana que me enseñara a tocar la guitarra y aprendí tres acordes. Así, a duras penas, empecé a toquetear. Con esos tres primeros empecé a tocar a los Beatles y la Bamba. No tocaba nada bien y como versionar no era lo mío decidí componer mi primera canción. Compuse mi primera canción con dieciséis años. Era en inglés, y era horrible. Pero ya denotaba que lo mío era crear, no versionar canciones de los Beatles. Al principio necesitaba muchas más horas, necesitaba ensayar. Ahora todo ha cambiado. Normalmente me viene una canción como un vómito y tengo que echarlo. Voy como un poseso a por la guitarra y toco, toco hasta soltarlo todo”.

Quedaba poco para terminar la entrevista y aún no sabía qué pensaba de su público:

“¿Mi público? es muy guay, ¿no? Es lo que más me gusta. Aquí en Sevilla, con mi gente. A mi me encanta. Son personas que están vivas, con la de vegetales que andan por ahí sueltos. Hay demasiados.”

Como un acto reflejo le pregunté por el cansancio, si la música agotaba:

No me canso, me cansaría si fuera una estrella de la música. A mí no me dan con la varita mágica con estos años, si no acabaría como Triana Pura, me tocan y me muero al año. No, eso no, Lo mío es el día a día, concierto a concierto. Además, ahora soy consciente de lo que tengo. Ahora tengo experiencia”

Y así sin más, se acabó nuestro encuentro. Lo imaginé resfriado, sentado en el sofá tomando una taza de sopa caliente, esperando que su voz continuara cantando a la vida, al mundo, igual que siempre, igual que en cada concierto, para cada tren viajero agotado del trayecto.

5 comentarios

  1. [...] esta causa. Y la mejor manera de hacerlo será a través de la música y de la poesía. Actuarán Alfonso del Valle, Rafael Cañete, Vigilia y Repúblika [...]


  2. [...] música y de la poesía, en uno de los barrios más peculiares de Sevilla. Actuarán el cantautor Alfonso del Valle, Rafael Cañete, Vigilia y Repúblika Bananeira. Un momento de fiesta para quien crea en la causa [...]


  3. [...] clásico, y a su derecha Miguel Sarmiento, bajista pero antes todo pintor también. Son amigos de Alfonso Del Valle y la influencia del maestro sevillano en su música se [...]


  4. [...] la noche Alfonso del Valle, cuando todavía el cielo clareaba y en la mítica plaza sevillana aún no se había congregado ni [...]


  5. [...] del Valle, al que ya entrevistamos hace un año en ¡WEGO!, ha pasado por los escenarios de Bares como la Carbonería o el Perro Andaluz. Y es precisamente en [...]



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